Andrés Urzúa de la Sotta y Cangrejos

Hoy tenemos dos sucesos. Primero, hoy está de cumpleaños Andrés Urzúa de la Sotta, autor de Letra chica, Galería, Polvo de ladrillos y Formas de volar, quinto título de la colección Cortes de Papel. Por supuesto, su obra es mucho más extensa. A Andrés le deseamos toda la felicidad y la suerte en su camino como autor, editor, gestor cultural. Su aporte al desarrollo de la incipiente edición independiente y de la poesía chilena es la razón del por qué para Gramaje es un honor tenerlo como autor.

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Además, literalmente nos queda un ejemplar de Cangrejos, luego de algunas correcciones con la maqueta, tenemos la segunda cubierta de libro de Jonnathan Opazo. La reimpresión estará a disposición de ustedes a contar la tercera semana de junio, ojalá antes.

Nunca es malo recordar que el catálogo se encuentra solo en dos librerías: Librería Pedaleo y Librería Proyección.

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Cangrejos – reseñas

cangrejo cubierta primera edición cubiertaPues bien, Cangrejos ha recibido reseñas que no se han archivado. La primera es la de Cristian Leal en el sitio Loqueleímos y la segunda, de Nicolás Meneses en Paniko. A continuación los textos:

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Reseña de Cristian Leal

Un incierto poético es referirse a los típicos temas como la muerte.  En Cangrejos, Jonnathan Opazo rehúye de eso. Como la portada que sin registro de nombre y con solo la ilustración de un cangrejo da pequeñas pistas sobre la apuesta del poemario.  Son esos puntos negros consumidos los que, de manera directa y brutal, encadenan un código abierto: no hay miedo a morir, sino sobrevivencia. El acierto es evidente. En el sobrevivir se genera la fórmula y la coherencia. Afirmando en poemas cortos y precisos la premisa: “Eso es todo/ la luz entra recortada/ por la ventana.” (página 11).

Se podría pensar que la enfermedad es una búsqueda automática de cura. En ese sentido la escritura opera como la machi ahuyentando espíritus del pasado ante el vapor del ungüento. O la lista de medicamentos dados por la letra ilegible de un médico. Las relaciones directas del poemario emergen de la lectura de Gonzalo Millán y su diario de vida/muerte. Incluso, él epígrafe instala la cuestión: “¿Sería capaz la poesía de curar el cáncer?, ¿sería la poesía capaz de aliviar el cáncer?”. Es conocida la lucha de Millán contra el cáncer, consumiendo pequeñas dosis de veneno de escorpión azul, y relatando en el libro homónimo, a modo de diario, la vida acorralada, escribiendo sobre sus controles médicos, borradores y visitas, con la estética del dolor embellecido. Atravesando, a la vez, su enfermedad a pasos lentos, para volver a las preguntas anteriores.

El dolor de Millán se repetía en imágenes certeras. La poesía como una manera de sobrellevarse y sobrellevar. Lo cierto es que el diario del moribundo siempre quedará trunco. Un texto sobre el fin sin un final. “Un libro póstumo publicado en vida”, dice Millán en sus apuntes. Lo que para algunos es veneno para otros puede ser remedio.

Contrario a lo que se podría pensar sobre la escritura relacionada al deceso, Opazo genera una impresión diferente. Los textos se formulan así: un hombre sabe que morirá. La luz es su ventana. Sus acompañantes igual están condenados. Lo que parece duro y protege —como el caparazón de un cangrejo— se quiebra con facilidad. El tiempo se desborda desde la posición de la luz. El tiempo está dislocado: volver a nacer o querer volver nacer. La vida, entonces, se trata de sobrevivir. Lo que hubo antes era tibio, blanco y húmedo. Ahora es una cama de hospital. Un cuerpo desgastado, sufriendo los efectos de la enfermedad y su daño, quedando estas certezas: 1) Duele: sé que estoy vivo. 2) Me comen los puntos negros: sé que algo tienen de comer.

En el avance de los poemas, los movimientos pueden ser enemigos. Contrario a la quietud de una cama de hospital. El esparcimiento es innegable y trágico. El peso de los sucesos avanza hasta oscurecer, en una polilla golpeándose en la ampolleta o el idioma de los perros. La tranquilidad enfrenta al deceso. El peso de los días es la enemistad: “Fijar los ojos /en un objeto /hasta que tú /seas el objeto /falleciendo.” (página 41).

En la actualidad los cuerpos se someten a un régimen laboral. Vivir significa explotarse y sobreexplotarse. La autoexplotación se ve como esfuerzo, un objetivo legitimado. Mientras que la visión pesimista es quizás una mentira incierta. El cuerpo enfermo es despreciado y llevado a salas blancas de hospitales públicos, amontándose en listas espera y rematado. Todo lo trunco se empolva o es preferible verlo fuera. Solo queda sobrevivir. La lectura de Cangrejos nos enrostra lo último.

La sobrevivencia es simple: una luz entra cortada por la ventana.

 

Link: http://www.loqueleimos.com/2019/05/cangrejos-jonnathan-opazo/

 

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Dejar que la muerte establezca su reino

Por Nicolás Meneses

 

Sobre Cangrejos, de Jonnathan Opazo Hernández.

En la antigua poesía japonesa existió la tradición que intentaba cristalizar en versos el momento antes de expulsar el último hálito. Yoel Hoffmann lo consigna en su libro Poemas japoneses a la muertedonde monjes, samuráis y poetas del haikú escribían esta especie de testamento con la agudeza de una cultura que siempre ha tenido como referente los ciclos de la naturaleza y la contemplación de todos los seres vivos, deteniéndose en su aspecto de pureza e incluso de putrefacción. Más cercana a una poesía objetivista, con una multitud de guiños a Gonzalo Millán, quien además de Lihn escribió un registro de defunción de su propia muerte a través de su diario, en CangrejosJonnathan Opazo intenta robarle un poco de vida a ese instante en que todas las formas languidecen.

Cangrejos nos instala en el momento crítico de la muerte, donde las dudas existenciales y la inminencia de lo desconocido descolocan en visiones aterradoramente blancas e higiénicas. Pero el hablante, en vez de tomar la ineluctable caída para tratar de aventurar teorías de un postmorten, hacer examen de conciencia o especular con el cielo o el infierno, persiste y ahonda en el movimiento de las cosas; en vez de manotazos de ahogado nos encontramos con la parsimonia de la espera y la observación minuciosa, leemos del poema Meditación: “Fijar los ojos/ en un objeto/ hasta que tú/ seas el objeto/ falleciendo”. El poema acentúa esa fijación en las cosas que el hablante no puede asir sin dañar ni dañarse con su tenaza, pues todo contacto, por remoto que sea, es sensible y presiona en ambas direcciones: apretar el objeto sería destruirlo y terminar como él. El hablante de Cangrejos prefiere no aferrarse a problemas intelectuales que el propio intelecto no puede resolver: mejor reparar en el movimiento y la quietud, el enigma que esconde el acontecimiento más simple.

Y eso parece desde los primeros poemas, donde con un pincelazo se bosqueja el trayecto de vida y muerte de un hablante comiéndose la cola, años de experiencia para plasmar, casi como el pintor de ese cuento chino que demoró años en reflejar la mariposa más bella en un cuadro. El hablante sabe que somos parte de un ciclo, como Bazan en este haikú de la antología de Hoffmann: “Adiós./ Paso como todas las cosas:/ rocío sobre la hierba”. No hacen falta especulaciones, no hacen falta grandes pensamientos ni deseos de trascendencia: se es parte de un todo al que se vuelve, pues en la contemplación del tallo no estamos viendo nada más que lo que nuestra carne abonó, leemos del poema El día avanza para borrarlo: “Algunos llegan, otras se van:/ automóviles, ataúdes, trenes,/ aviones, nacimientos, abortos,/ despidos, contrataciones, recontrataciones” (pág. 20). La vida como un continuo de procesos que culminan y vuelven a comenzar, no sin la contaminación de la muerte, que se extiende al poema, leemos de Interludio: “que el cáncer/ se coma al poema/ desde adentro”. La antropofagia de la escritura que se alimenta de sí misma para sobrevivir.

El hablante en la mayoría de los poemas no parece más que un cangrejo moribundo, volteado por la vida y cansado de patalear y botar espuma. No le queda más que ver cómo el óxido del tiempo repercute en las cosas, con una curiosidad casi infantil que termina en un morbo casi forense, leemos del poema Terminar borrándolo todo: “mirar entre la cáscara rota/ un cortejo de cangrejos/ palpar la grieta de la concha/ con la yema de los dedos/ mirar con amor la descomposición del tema” (pág. 67) o de El agua parda en el fondo del macetero: “su ácido aroma: la belleza de las cosas que perecen:/ el perfume dulzón de una hoja de laurel rota en las/ manos de un niño, el corazón carnoso de una almeja/ cuando se rompe la concha: es preciso que las cosas se/ tricen, que se llenen de manchas: dejar/ que la muerte establezca su reino” (pág. 53). El poema como gesto de no resistirse ni negar la finitud humana, nuestra existencia orgánica, a pesar de la duda de si la poesía será capaz de curar el cáncer.

Cangrejos se puede leer como una crítica a ese intento desesperado de desinfectar la vida de la pudrición latente que significa vivir y rodearse de tantas cosas que pasan por el mismo proceso, al esfuerzo que hace la sociedad por esconder las ruinas y los desperdicios como si no fueran parte de nosotros y en vez de eso marearnos con ese blanco que es el color más terrible porque camufla a la parca. Una crítica a la blancura de los hospitales, de los uniformes de enfermeras y panaderos, de los depredadores, de las sábanas que vienen con olor a cloro y sangre. Ni la paranoia del hablante por padecer una posible enfermedad en Harakiri de Bertoni ni la tristeza de la tarde en el hospital de Pezoa Véliz en la que aún estamos hospitalizados; más bien, como decía Millán, la escritura como enfermedad y remedio.

 

Link: http://www.paniko.cl/cangrejos-opazo/

 

Reseña de Juan Francisco Urzúa a Derechos

Derechos cubierta

La encrucijada de los derechos de autor es una de las problemáticas más bulladas y menos resueltas al momento de pensar en la publicación. Los autores suelen desconocer sus derechos frente a contratos por lo general irrespetan la normativa legal vigente, y vulneran los principios de libertad de la obra, arguyendo tecnicismos leguleyos neoliberales.

Es por esto que se hace importante contar con publicaciones como Derechos, ensayo crítico que intenta mostrar un panorama de cómo han evolucionado las consideraciones autorales en la historia, abarcando desde la primera ley de copyright en Inglaterra a principios del siglo XVIII, hasta criterios contemporáneos como el copyleft, creative commons o anticopyright.

Farías nos sitúa en la historia, donde la propiedad de la obra la detentaba la monarquía y no el autor, criterio que cambiará con la revolución francesa en 1789, donde se considera que la propiedad intelectual es personal, ya que existe una relación indisoluble entre el escritor y su obra. Esto no fue replicado en América Latina hasta el Tratado de Montevideo en 1889, donde se emula la normativa europea, pero con proteccionismos conservadores regulados por la iglesia.

En el Chile colonial los libros eran escasos, y sufrían al igual que en toda América la censura de la iglesia católica que velaba por resguardar los derechos de autor para la corona. Este panorama cambió en su temprana etapa republicana con la constitución de 1883, donde se crea la “Ley de Propiedad Literaria y Artística” optando por una adaptación del modelo francés que resguardaba los derechos intelectuales de los autores, generándose así un patrimonio perteneciente a los escritores.

El libro se propone en dos apartados, disponiendo en el primero ejemplos de distintas declaraciones de derecho, mostrando de una manera clara que los derechos de autor constituyen un reflejo ideológico de lo pretendido por la obra, y aunque muchas veces estos textos no son considerados por el lector, son la primera entrada de los ideales que mueven la publicación. La segunda parte la compondrá un ensayo que va desde la historia de los derechos de autor en el mundo, hasta el caso chileno y sus aristas, mostrando también las nuevas herramientas libertarias y aperturistas con las que cuentan las editoriales.

Es común ver en libros inscripciones como esta: “Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la editorial”. Esta advertencia la inscribe la editorial Aguilar Chilena de Ediciones, en el libro Coronación de José Donoso, y demuestra el claro criterio comercial en la distribución de la obra, la cual contrasta diametralmente con la propuesta por La vieja sapa cartonera en Demoliendo teles: poesía de cuneta que versa “Cualquier copia, reproducción o falsificación está plenamente permitida, incluso, promovida por esta editorial. Es más, luego de ser leído, es recomendable doblar el papel muy cuidadosamente este libro y hacer de él un avión de papel. Quizá dándole alas pueda volar hasta donde no hemos llegado aún. La propiedad es un robo”. Es aquí donde la sentencia de Farías toma peso, quedando demostrado que más allá de la protección mínima que entrega la legislación a las obras, hay criterios morales y políticos sobre el destino de los libros publicados y qué relación quiere establecer el autor con los lectores, más allá del trato cambiario.

Derechos nos introduce en una temática que hoy está más presente que nunca, en especial cuando la ampliación de los contenidos digitales ha propuesta alternativas cada vez más populares como el copyleft o creative commons, permitiéndonos salir del proteccionismo comercial que motivó la ley en los ochenta, en post de la masificación del acervo como derecho universal. Queda la sensación de estar ante un trabajo en tránsito, en desarrollo, ya que definitivamente es un tema que debe abarcarse de manera más amplia más que en un ensayo breve, pero se agradece el rigor de la investigación, y la problematización de los criterios que se esconden tras la mítica ©.

Nota de la editorial: reseña aparecida en Grado Cero, suplemento literario de El Ciudadano, en la edición de marzo de 2019.

Crítica de Cristián Gómez a Cangrejos

CANGREJOS
Jonnathan Opazo. Gramaje ediciones, Santiago, 2018

Por Cristián Gómez Olivares

cangrejo cubierta primera edición cubiertaRecuperando lo mejor del Ars moriendi, incluso en su versión chilena, pero con un necesario y, por parte del lector, agradecido cable a tierra, con ese aire de un mundo aterrizado y reconocible que caracteriza a una buena parte de la producción poética nacional, Cangrejos es una muestra de las habilidades líricas de Jonnathan Opazo Hernández, a la vez que la oportunidad de preguntarnos por ciertas continuidades discursivas que nunca está demás traer a colación.

Una colección breve, pero no exigua, este segundo libro de Opazo (antes había publicado, en coautoría con Rodrigo Figueroa, Junkopia) recorre las variantes de la enfermedad para explorarlas desde un discurso a ratos médico, pero siempre transido por la visión del testigo, por un habla poética que no suelta las riendas desde la voz que ejerce como presentador de estos poemas.

La metáfora central del cáncer sobrevuela el conjunto en su totalidad, anunciando una trama familiar que se asoma como hilo conductor del volumen, pero sin anular otras posibilidades significativas. El problema del símil es resuelto con particular prosapia meta-poética, al recurrir a un discurso elegante, pero al mismo tiempo autorreferente, para dejar en claro su posición, su punto de hablada:

Donde dice cangrejo

escribir animal
o molusco

que se rompa.

Olvidar
la metáfora

desechar
el propósito.

La pregunta por las posibilidades que su propio medio de expresión le ofrece corre entonces paralela a la exploración del cuerpo enfermo.

Si el autor demuestra una precisión en la mirada que lo acerca a una estética, que a falta de un nombre mejor, tendríamos que calificar de objetivista, no creemos que sea un gesto gratuito. Ya en su primer libro, Junkopia, Opazo se había dedicado no a ilustrar las fotografías que acompañaban al texto, sino a poner de manifiesto el carácter de ruina que también el progreso, o el progreso tercermundista, puede alcanzar:

La muerte debe ser

como el contenido silencio
de una fábrica en desuso.

                  *
Y en el futuro se
preguntarán a qué animal
pertenecían las esqueléticas
curvas de una montaña rusa.

                  *
Un niño se
pregunta si la luz
de las estrellas es más
verdadera que el brillo
de los postes de su
pasaje.

Estos poemas, sacados del ya mencionado primer libro de Opazo, aparte de darle, sobre todo el último de ellos, un particular (y muy sutil) giro a los restos de un decir lárico, subrayan ese aire de vivir en lo que botó la ola, en la resaca de la promesa, en la postrera gota del chorreo neoliberal.

Pero en Cangrejos la mirada se torna hacia un interior igualmente ruinoso, hacia una superficie escatológica donde la piel no es suave sino con costras, donde la sangre ya no es sinónimo de vitalidad o de muerte en su derroche, sino biológico mecanismo conductor de células cancerígenas. Es un discurso que bien se podría escuchar en un hospital, en las salas de espera de la desesperación. La retórica, consciente de que tiene poco de paliativo, se solaza entonces en el detalle, en la exactitud de la mirada. La fidelidad del ojo previene al hablante de caer en cualquier tentación tremendista, huyendo así de toda hipérbole de la expresión y/o de lo expresado. Tanto es así que esto se sigue con prolija pulcritud en la misma escritura de cada texto. No hay mayúsculas en este libro. Muchos de los títulos de los poemas son de hecho el primer verso de estos últimos, en una transición que quisiera subrayar la ausencia de todo énfasis, por paradójico que esto pueda parecer.

La inevitabilidad de la pérdida, lo inexorable de la ausencia, emparenta a Cangrejos con un linaje muy presente en la poesía chilena. A vuelo de pájaro, se me vienen a la memoria los Sonetos de la muerte, de Gabriela Mistral, el Diario morir, de Julio Barrenechea, el Arte de morir, de Óscar Hahn y Luz rabiosa, de Rafael Rubio. La lista no sólo es incompleta, sino también arbitraria. No obstante ello, creo que más allá de las fronteras chilenas, un libro con el que guarda directa relación, hechas todas las salvedades que diferencian a uno y otro volumen, es el del mexicano Sergio Loo (1982-2014), Operación al cuerpo enfermo, una indagación en la enfermedad, en este caso del propio autor. Otro ejemplo, también mexicano, es el de Carcinoma, de Daniela Camacho.

Traigo a colación estas intersecciones porque si bien la escritura de Opazo tiene antecedentes previos, no es menos cierto que su acercamiento al tema resulta si no único, cuando menos digno de toda nuestra atención. Cangrejos se abre con un epígrafe de Gonzalo Millán: “Sería capaz la poesía de curar el cáncer?, ¿sería la poesía capaz de aliviar el cáncer?” El segundo poemario de Jonnathan Opazo responde a ambas preguntas. Que ninguna de las respuestas sea fácil, no es sino otro de los méritos de este libro.

Nota de la editorial: esta crítica aparece en el portal de Letras.s5:
http://letras.mysite.com/cgol090219.html

Gramaje continúa en CDMX

 

Si bien, el editor de Gramaje ha vuelto a Santiago, el catálogo continúa en Ciudad de México en manos de Constanza Christian. Si deseas algún título de Gramaje Ediciones, tendrás que coordinar con Constanza la entrega.

Su correo electrónico es: constanza.christian@gmail.com

Las entregas se realizarían en Ciudad Universitaria de la UNAM, de lunes a jueves, y los horarios de entrega se tienen que coordinar con Constanza.

Última semana en CDMX

Sí, es verdad, esta semana es la última en que se estará presencialmente en el pasillo de la Facultad de Filosofía y Letras, de la UNAM, el “mercadito”. El itinerario es el siguiente:

Martes 13: desde las 11:30 hasta las 16:30.

Miércoles 14: desde las 11:30 hasta las 16:30.

Jueves 15: desde las 11:30 hasta las 16:30.

El catálogo quedará en manos de Constanza Christian, estudiante chilena de UNAM, quien, amablemente, puede entregar en Ciudad Universitaria o Metro Mixcoac. Más adelante, se entregará información definitiva. Algunas fotos chidas de la experiencia:

Gramaje Ediciones en CDMX

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Gramaje Ediciones está en Ciudad de México por un tiempo y queremos que el catálogo quede en manos de lectores mexicanos. Desde mañana 30 de enero, estaremos vendiendo los libros del catálogo en algunos lugares de CDMX, comenzaremos en la UNAM, específicamente en la Facultad de Filosofía y Letras, en su pasillo exterior dedicado a los libros, frente a la Biblioteca Central. Las fechas y los horarios son:

Miércoles 30 de enero: desde las 10:00 hasta las 17:00.

Jueves 31 de enero: desde las 10:00 hasta las 17:00.

Lunes 4 de febrero: desde las 14:00 hasta las 20:00.

Martes 5 de febrero: desde las 10:00 hasta las 17:00.

Miércoles 6 de febrero: desde las 10:00 hasta las 17:00.

Jueves 7 de febrero: desde las 10:00 hasta las 17:00.

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Novedades 2019

Es inevitable que el catálogo de una editorial crezca en el tiempo, es inevitable que nuevos títulos alimenten las colecciones. Así que deseamos compartir algunas de las novedades para el próximo año ad portas.

Colección El árbol de la memoria

Cubierta altazor primera edición

Fecha de aparición: Junio

Colección Ganymedes

cubierta sobre la poesía popular impresa en santiago de chile

Fecha de aparición: Abril

 

Séptima Primavera del Libro

Sí, hoy ha comenzado la Primavera del Libro, específicamente su séptima versión y Gramaje Ediciones, como es costumbre, se encuentra con el catálogo. Esta feria concluye el día domingo 7 de octubre y la ubicación es la habitual: Anfiteatro del Parque Bustamante, el que se encuentra en la salida del metro Parque Bustamante y frente al skatepark. El horario de atención es de 11 am a 9 pm, horario continuado. Estamos en el puesto 55 junto a DSCNTXT Editores. La entrada es gratuita.